Alfonso Montecino

(1924 – 2015)

Montecino es una figura de temprana visibilidad en nuestro escenario musical, tanto como joven y prodigioso pianista como compositor, pero por su pronta y definitiva partida a Estados Unidos perdió el contacto y la presencia nacional que hubiera meritado. En esta ausencia también influyó que la mayor parte de su obra chilena está sin editar, manuscrita, y que la editada lo fuera en Estados Unidos.

Montecino nace en Osorno en 1924 y fallecerá en Bloomington, Indiana, Estados Unidos, el 15 de agosto de 2015. Se gradúa de Bachiller en Letras en 1944. Sus estudios musicales los inicia en Osorno, para continuarlos en el Conservatorio Nacional en 1938, estudiando piano con Alberto Spikin y composición con Domingo Santa Cruz y Jorge Urrutia Blondel. En 1945 integra la Sociedad de Nueva Música, que buscaba la difusión de música contemporánea no presente en los conciertos oficiales, en especial obras atonales. En 1947 viaja los Estados Unidos para perfeccionarse. Allí trabaja con Randall Thompson, Edgar Varèse y Rogers Sessions en las Universidades de Columbia, Princeton y la Julliard de Nueva York. También tuvo contacto con Bohuslav Martinu, perfeccionándose como pianista con Claudio Arrau. Su trabajo como destacado intérprete en este instrumento lo llevó tempranamente a distintos y prestigiosos escenarios mundiales tanto en Europa como toda América, en ocasiones acompañado musicalmente por su esposa, la mezzosoprano noruego norteamericana Siri Garson (1926 – 2025). En 1959 la pareja se radica en Chile, pero sólo será por un breve tiempo ya que, a partir de 1963, Montecino asume su labor como profesor de piano estable en la universidad de Indiana, docencia que ejercerá el resto de su vida y en donde llegó a ser Profesor Emérito, teniendo destacados alumnos. Su labor como compositor fue tan temprana y nutrida como su carrera pianística, con obras orquestales, corales, de cámara, para piano solista y para canto y piano, evidenciando un estilo ecléctico, facilidad de inventiva y gran impulso creador. Esto se va a frenar luego de su partida a Chile, pero no va a cesar, continuando con obras mayoritariamente para piano solo y canto y piano. Salas Viù expresaba en “La creación musical en Chile” (1951) que “las canciones par voz solista y piano […] no sólo constituyen lo más extenso de la producción de Alfonso Montecino y la muestra más varia de su ecléctico estilo, sino que encierra igualmente los mejores ejemplos de su labor total.” […] “siempre con una interesante escritura de la voz y del piano, en equivalencia de cometido.” Para entonces el compositor no tenía sino 26 años.

En su catálogo de canciones, se destaca principalmente el uso de poesía en castellano (Mistral, García Lorca, Guzmán Cruchaga, Gil Vicente, anónimos populares) aunque también en compuso en otros idiomas (Apollinaire, Rilke).

Las tres canciones con texto de Gabriela Mistral aquí seleccionadas no constituyen un ciclo en sí y fueron compuestas entre 1945 (“Todo es ronda”, “Meciendo”) y 1946 (“Yo no sé cuáles manos”). Estas dos últimas fueron interpretadas por Violaine Soublette y Elvira Savi al piano en 1987 en la Escuela Moderna de Música. Por su parte “Yo no sé cuáles manos” tuvo su estreno en 1947 como parte de un concierto de la “Sociedad Nueva Música”, que tuvo a Montecinos como pianista,  y en la que mostró varias de sus canciones acompañado por la soprano Ruth González.

“Yo no sé cuáles manos” toma el escabroso e intenso tema del suicidio del amado, tan presente en la literatura mistraliana del inicio. Montecino compone una canción acorde a esto, intensa, dramática incluso, de amplias dimensiones, en la que el piano, de escritura virtuosa, opera como conductor, creador de atmósferas a partir de riqueza de recursos, mientras el canto sobrevuela en una línea melódica extendida. A ratos pareciera una canción que espera ser orquestada, a la manera de un Rachmaninov, Richard Strauss o un Scriabin. El canto es tratado con amplitud y no poca exigencia.

“Todo es ronda” consta de dos partes casi iguales y está trabajada afín al tema. Es una pieza alegre, optimista incluso, de magnífico contraste con las anteriores, con una línea melódica más previsible. El piano, por su parte, a partir de figuras rítmico melódicas ágiles, pareciera ser un instrumento de cuerdas pulsadas que acompaña esta diáfana serenata.

“Meciendo” pone en música las tres partes del poema de manera similar, aportando unidad. Montecino trabaja esta obra, afín a “Todo es ronda”, como una melodía que se debe conducir. Las figuras rítmicas de semicorcheas en el piano dan el moto perpetuo del acunar, casi como si la hablante también cayera en este vaivén.

  • Meciendo
    Compositor: Alfonso Montecino
    Texto: Gabriela Mistral
    Cantante: Rocío Gallardo, soprano
    Pianista: Andres Silva
  • Todo es ronda
    Compositor: Alfonso Montecino
    Texto: Gabriela Mistral
    Cantante: Rocío Gallardo, soprano
    Pianista: Andres Silva
  • Yo no sé cuáles manos
    Compositor: Alfonso Montecino
    Texto: Gabriela Mistral
    Cantante: Rocío Gallardo, soprano
    Pianista: Andres Silva