Pedro Valencia Courbis

Vida paradojal: los puntos fuertes en la vida artística del sacerdote y compositor chileno Pedro Valencia Courbis no lo representan sus composiciones, que son pocas y no tuvieron mayor incidencia en la vida musical nacional, sino el listado sorprendente de quienes anotó como sus profesores en su estancia en Europa y su labor docente, cristalizada en la creación del Conservatorio Católico de Música y Declamación.

Valencia Courbis se forma primeramente en el Conservatorio Nacional de Música, donde fue alumno de Enrique Soro, entre otros maestros. Luego se perfecciona en la Universidad Gregoriana de Roma y tiene como profesores a Lorenzo Perosi y Pietro Mascagni; prosigue su formación en la Escuela de Música Sacra de Ratisbona, Alemania; efectuado un último perfeccionamiento en la celebérrima Schola Cantorum de París, bajo la dirección de Vincent D’Indy. De regreso a Chile fue nombrado profesor de canto litúrgico en el Seminario Pontificio y se desempeña como profesor de religión en diversos establecimientos educacionales nacionales. Finalmente, en 1921, fundará y dirigirá su obra más importante, el “Conservatorio Católico de Música y Declamación”, que funcionó varias décadas. Además, escribió textos de estudio sobre la historia musical universal y en América.

Como se dijo, la obra musical de Valencia Courbis no es muy extensa. Revisando el catálogo anotado por Vicente Salas Viu, tenemos una veintena de obras vocales sacras (himnos, letanías, himnos marianos, oraciones, alguna cantata, por ejemplo), cuatro obras para piano y tres canciones para canto y piano.

En general tenemos a un compositor que, por evidentes razones, mantiene una postura conservadora respecto a la composición y sus temáticas (la mayoría son obras vocales para la praxis católica), dentro de un estilo posromántico. No esperemos en sus obras innovación o búsquedas experimentales, pero sí un manejo certero, funcional y profesional de sus medios. En especial en sus canciones (una suerte de recreos mundanos) el compositor da espacio a un lirismo más dramático, con evidente influencia de la Giovane Scuola de un Mascagni, a un melodismo emocional de lo más profano, sobre textos ligeramente espirituales o, al menos, contemplativos.

La historiografía musical chilena, en especial aquella ligada al Conservatorio Nacional de Música reformado, agravado por la inequívoca filiación italiana de Valencia Courbis, su postura conservadora de la música y su filiación a la Sociedad de Compositores Chilenos de visión enfrentada con la política musical de Domingo Santa Cruz, será cada vez más esquiva con el compositor, al punto de ir desapareciendo de las listas y catálogos.

En la presente antología hemos recogido la totalidad de las tres canciones para solista y piano de Valencia Courbis que se han podido pesquisar: dos en italiano, una tercera en castellano. Las tres obras repiten su temática nocturna y lunar, habiendo en ellas un estilo en común, que es la inmediata comunicatividad de una melodía en la que el piano es su acompañante, generoso a veces, más menguado en otras. En las tres hay un consciente y muy bien logrado uso de la armonía, con no pocos momentos de genuina emoción, por sobre textos inferiores en calidad respecto al resultado final, con desafíos muy gratificantes y lucimiento para los cantantes que las aborden. Ciertamente que al momento de su aparición deben haber sido consideradas piezas deudoras de un pasado y gusto musical que ya ni convenía ni aportaba a una nación que buscaba y necesitaba cimentarse en la vanguardia y posturas más propositivas y cerebrales; sin embargo hoy, a cien años de aquellas, bien pueden ser apreciadas atemporalmente, con sus virtudes melódicas innegables y su gratificante idiomaticidad con el canto lírico.

“Notturno, canto per voce e pianoforte” Op.19, con texto del sacerdote Pietro Bertozzi, es la tradicional pieza vocal con una parte inicial, una segunda contrastada con aquella y la tercera siendo la reexposición variada de la primera. Fue editada en Santiago en la Librería de la Federación de Obras Católicas. El texto plantea una contemplación casi panteísta, en unión con la naturaleza, lo que lleva al canto a una melodía serena y a una segunda sección intensa y vehemente, con no poca influencia italiana. Pieza breve y efectiva.

“A la luz de la luna”, canción Op.31, tiene letra del pedagogo y poeta chilote ligado al Modernismo, Antonio Bórquez Solar (1872 – 1938). Es un texto de contemplación bucólica que, al servicio del estilo del compositor, finalmente conforma una postal emparentada con los nacionalismos de corte impresionistas de nuestra América. Esto se nota en el cuidado de crear atmósferas, en un trabajo armónico protagónico que incluso eclipsa a la melodía misma, en este caso complicada por una utilización curiosa de la sintaxis del texto. La pieza fue dedicada a Sofía del Campo, la destacada soprano chilena, y se publicó por la editorial del Conservatorio Católico de Música y Declamación.

“Il viaggio della Luna, melodia a una voce con pianoforte” Op. 32; sea quizá la pieza vocal más desarrollada y exitosa de las tres que conservamos de Valencia Courbis. Desde el cuidado trabajo armónico, la influencias italianas y francesas, cierta reminiscencia impresionista, el diseño melódico de desafiante dificultad vocal y sin reservas emocionales. El texto, simple y tópico, permite al compositor crear logradas atmósferas. Esta canción se publicó por la editorial del Conservatorio Católico de Música y Declamación.

  • A la luz de la Luna
    Compositor: Pedro Valencia Courbis
    Texto: Antonio Bórquez Solar
    Cantante: Claudia González-Serrano, Soprano
    Pianista: Yudalys Perdomo
  • Il viaggio della Luna
    Compositor: Pedro Valencia Courbis
    Texto:
    Cantante: Francisca Jünemann, Soprano
    Pianista: Andrés Silva
  • Notturno
    Compositor: Pedro Valencia Courbis
    Texto: Pietro Bertozzi
    Cantante: Alcides Bravo, Tenor
    Pianista: Andrés Silva