Anibal Aracena Infanta
(1881 – 1951)
El caso de Aracena Infanta es ejemplar de la situación vivida por un grupo no menor de compositores (Como Javier Rengifo, Samuel Negrete, Remigio Acevedo Raposo, María Luisa Sepúlveda, Luigi Stefano Giarda, Celerino Pereira, por ejemplo) que en el tiempo de las entreguerras fueron siendo apartados paulatina y eficazmente del aprecio musicográfico nacional en la medida de que no participaban del credo modernista y modernizante de Domingo Santa Cruz y su visión de una música propositiva y de vanguardias, alejado de todo posible aire popular, “italianismo”, amateurismo y prácticas musicales de salón o esparcimiento heredadas del siglo XIX. Esto no quiere decir que Aracena Infanta no tuviera su espacio o fuera un compositor sin formación; de hecho, fue uno de los músicos más activos y de constante presencia en el Santiago de su tiempo y nos dejó un catálogo no menor de obras, casi todas de cámara o religiosas; pero esto evidencia cómo podía operar el silenciar figuras y corrientes musicales no afines a la visión oficial canónica; es cosa de ver la ausencia de su nombre en la Revista Musical Chilena, o en los catálogos de Escobar e Yrarrázabal, o el espacio que le da Salas Viù. (Ver: Peña, Carmen: “Aníbal Aracena Infanta (1881 – 1951), Perfil de una infatigable trayectoria dedicada al “Divino Arte: Período 1900 – 1930. En Anales del instituto de Chile, Vol. XXXII, 2013, pp. 151-182)
Aracena Infanta fue organista, profesor y compositor. Nació en Chañaral en 1881, recibe su primera formación musical de niño y más tarde se perfecciona en piano y órgano en el Conservatorio Nacional de Santiago, donde destaca como alumno y, desde 1907, además ejercerá la docencia en la cátedra de teoría y solfeo, piano y órgano. Como organista será titular en la Basílica de la Merced y además impartirá clases particulares. También será director coral, hará docencia en destacados colegios y tendrá una activa vida musical institucional, editando y publicando la Revista “Música” (1920-1922), siendo nombrado secretario de la Sociedad de Compositores Nacionales (posterior Sociedad de Compositores Chilenos), además de otras diversas iniciativas socio-musicales y de beneficencia que lo mantuvieron activo en la vida musical de la capital. También mantuvo una estrecha relación con la vida musical argentina.
Como compositor se inició muy tempranamente, por lo que es autor de más de un centenar de obras, muchas de ellas vocales, divididas entre obras seculares, como piezas para piano y canciones, y obras religiosas, entre las que hay composiciones de mayor envergadura, como oratorios y misas; también se le menciona autor de un par de zarzuelas.
En todas ellas exhibe oficio, y un estilo cercano al público, sin duda heredero de una rica tradición romántica, a la vez que las sacras se ciñen, obviamente, a los preceptos que de ella se esperaba tanto estética como religiosamente. Muchas de sus obras se publicaron y vendieron en almacenes de música, así como sus escritos de enseñanza de teoría musical. También se destaca el concierto anual que hacía y en el que aprovechaba de mostrar sus composiciones.
Respecto al repertorio aquí elegido, pertenecen a “Las rondas de niños” Op.89, composición de 1922 sobre los ocho textos alusivos de Gabriela Mistral publicados en “Desolación” ese mismo año. Lo notable de esto es que se consideraría (con los datos que hasta el momento poseemos) de entre las primeras puestas en música de poesía de la Mistral, de manera casi paralela a la publicación del libro que las contiene. La razón de esta inmediatez es que la escritora en ese entonces era directora del Liceo Teresa Prats de Sarratea (originalmente Liceo de niñas N°6), institución donde Aracena era profesor. El compilado de Aracena Infanta reúne algunos de los celebérrimos textos que en el futuro serán ampliamente puestos en música. La composición es simple, la exigencia vocal mesurada, amén de una melodiosidad pegadiza, con finalidad de canto escolar al unísono. De hecho, algunas de ellas fueron estrenadas por el coro de niñas del Liceo Teresa Prats y el compositor al piano en diciembre de 1922. Sin embargo, también pueden ser vistas como canciones para una solista de voz media y así lo hemos querido hacer. El compositor las editará en agosto-septiembre de 1922 en su revista “Música”, el mismo mes que se publicaba la primera edición de “Desolación” en Estados Unidos, destacando aún más esta sincronía.
“En donde tejemos la ronda” es, consecuentemente, la primera de las rondas de Mistral en “Desolación” y también la primera en la compilación musical de Aracena Infanta. La pieza se inicia como una barcarola en sol menor, a tono con la pregunta; se sucede un intercambio modal y pasamos a sol mayor, también en relación con la optimista respuesta. “Dame la mano”, cuarta ronda, tiene clara influencia de la música popular de entonces, en especial la sección que se inicia con “El mismo verso danzaremos” y que está marcado por Aracena “con entusiasmo”.
- ¿En dónde tejemos la ronda?Compositor: Anibal Aracena Infanta
Texto: Gabriela Mistral
Cantante: Constanza Ayala, mezzo-soprano
Pianista: Andres Silva
